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Empaque Simbiótico y REP: mantener el valor antes de gestionar el residuo

La Responsabilidad Extendida del Productor (REP) está transformando la manera en que las empresas entienden su relación con los empaques que ponen en el mercado.

El principio es claro: la responsabilidad sobre un empaque no necesariamente termina cuando el producto llega al consumidor. Las empresas deben pensar también en lo que sucede después.

Sin embargo, existe una pregunta que puede llevar esta conversación un paso más adelante:

¿Qué sucede si logramos evitar que ese empaque se convierta en residuo?

Ahí aparece el concepto de Empaque Simbiótico.

¿Qué entendemos por Empaque Simbiótico?

Un Empaque Simbiótico es aquel que puede mantener su utilidad y su valor a través de sucesivos ciclos de uso, conectando diferentes actores de una cadena de valor.

Pensemos en una caja de cartón corrugado.

Después de transportar un producto desde una empresa hasta su cliente, esa caja puede seguir conservando las características necesarias para cumplir nuevamente su función.

En lugar de destruirla inmediatamente para recuperar sus fibras, existe otra posibilidad:

recuperarla, seleccionarla, reacondicionarla y volverla a utilizar.

Cuando este proceso se repite y participan diferentes empresas, el empaque deja de ser solamente un elemento logístico y empieza a convertirse en un vínculo entre organizaciones.

De allí surge su carácter simbiótico.

¿Qué tiene que ver esto con la REP?

Mucho.

La REP busca que los productores asuman responsabilidad sobre los empaques que ponen en el mercado y promueve su gestión dentro de esquemas de economía circular.

Tradicionalmente, buena parte de esa gestión se ha concentrado en lo que ocurre cuando el empaque ya se convirtió en residuo.

El reuso introduce una etapa anterior.

Si una caja puede utilizarse nuevamente, podemos extender su vida útil antes de enviarla a reciclaje.

Esto no elimina el reciclaje.

Lo posterga hasta el momento en que el empaque realmente ha agotado su capacidad de continuar cumpliendo su función.

Reciclar recupera material. Reusar conserva valor.

La diferencia es importante.

Cuando reciclamos una caja, aprovechamos principalmente el valor de sus fibras.

Cuando reusamos esa misma caja, conservamos por más tiempo buena parte del valor que ya fue incorporado durante su fabricación y puesta en circulación.

Por eso ambos procesos son necesarios, pero no representan exactamente lo mismo dentro de una estrategia circular.

Una economía circular madura debería intentar mantener productos y empaques en su nivel de utilidad más alto durante el mayor tiempo técnicamente posible.

De toneladas gestionadas a ciclos de uso

El Empaque Simbiótico también plantea una oportunidad en términos de información.

Si podemos identificar y trazar un empaque durante diferentes ciclos, empezamos a construir indicadores adicionales:

cuántas cajas fueron recuperadas, cuántas pudieron volver a utilizarse, cuántos ciclos alcanzaron, cuánto material permaneció en uso y cuánto tiempo se evitó su conversión en residuo.

La trazabilidad convierte así el reuso en algo medible y verificable.

Y esa evidencia puede ser cada vez más importante para demostrar que la circularidad no consiste únicamente en gestionar correctamente un residuo, sino también en evitar su generación prematura.

La REP puede conectar empresas

Existe además otra oportunidad.

Una empresa difícilmente puede construir circularidad actuando sola.

Sus empaques llegan a clientes. Recibe empaques de proveedores. Sus productos pasan por distribuidores y diferentes actores logísticos.

Cada uno de esos puntos puede convertirse en un lugar donde termina la vida de un empaque o, por el contrario, donde comienza su siguiente ciclo.

Cuando esas organizaciones colaboran para recuperar y mantener los empaques en uso, empiezan a formarse Redes Circulares Empresariales.

El Empaque Simbiótico se convierte entonces en el elemento físico que conecta esa red.

Primero conservar. Después transformar.

El reciclaje seguirá siendo una herramienta indispensable para gestionar los empaques cuando finalmente pierdan su capacidad de ser reutilizados.

Pero antes de llegar allí existe una oportunidad enorme.

Mantenerlos en uso.

Quizás una de las próximas evoluciones de la REP sea precisamente esa: pasar de preguntarnos solamente cuánto material logramos recuperar a preguntarnos también cuánto tiempo logramos conservar su valor antes de convertirlo en residuo.

Porque circularidad no debería significar únicamente gestionar mejor el final de la vida de un empaque.

También debería significar hacer que ese final tarde mucho más en llegar.